Lisboa día 3

Belém y Cristo Rei.

El martes lo dedicamos a visitar una de las zonas más bonitas y con más Historia de Lisboa: El barrio de Belém.

Los monumentos y edificios de esta zona representan el pasado glorioso de las expediciones marinas que de aquí partían. Para llegar a Belém hicimos varios transbordos de metro hasta Cais do Sodré. Y desde aquí cogimos el tranvía número 15 hasta nuestra parada, que estaba al lado del monasterio de los Jerónimos. Cuando estábamos llegando el tranvía paró porque había algún tipo de desfile. Lo primero que visitamos fue el Padrão dos Descobrimentos. Se construyó en 1960 durante la dictadura de Salazar para conmemorar el 5º centenario de la muerte de Enrique el Navegante.

Su base triangular representa la proa de una nave y el trío de formas curvas de la parte superior, simboliza unas velas al viento. Se ha criticado bastante por su diseño “fascista” aunque a nosotros nos gustó. Nos pareció un monumento robusto, imponente y con mucha fuerza.

Tras verlo fuimos dando un paseo por la orilla del Tajo hasta la torre. Había muchos autobuses dejando a grupos de turistas. Hicimos unas cuantas fotos y fuimos a hacer cola. Tuvimos la suerte de que aceptaran la tarjeta joven, ahorrándonos así un dinerillo. Visitamos los diferentes niveles de la torre, desde el sótano hasta las torretas. La torre de Belém es un monumento dedicado a las proezas marítimas del país. Antes de que el curso del tajo cambiase y la dejase varada en la orilla, se alzaba sobre el río para defender el puerto de los piratas. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983.

Después de disfrutar del frescor de sus muros y su sombra volvimos andando a el Padrão dos Descobrimentos para subir en su ascensor interior hasta la azotea. Desde allí había unas vistas espectaculares del puente del 25 de abril y del monasterio. A lo lejos se podía ver el Cristo Rei que sería nuestro próximo destino. Desde lo alto del mirador se puede apreciar que el suelo de la plaza es un mapamundi gigante donde una vez abajo comprobamos que se podían ver las fechas y destinos de los grandes viajes de los descubridores portugueses.

Con un solazo de justicia nos fuimos a tomar unos riquísimos pasteles de Belém. Fuimos directos a la Antiga Casa dos Pastéis de Belém. Es la pastelería más famosa de la zona y donde mejor hacen los típicos pastelitos de hojaldre con crema y canela. Es enorme con una zona muy amplia donde sentarse. Pero hacía un calor horroroso, así que compramos un par y los comimos en una terraza de un Starbucks. Nos supieron a gloria bendita, recién hechos, calentitos, en una palabra, ¡Buenísimos!

Después del merecido descanso, nos acercamos al monasterio. Primero visitamos la iglesia (entrada gratuita) y luego los claustros. Es maravilloso tanto por fuera como por dentro; la bóveda estrellada del crucero es preciosa y los detalles de la fachada son increibles. La tumba de Vasco da Gama se encuentra ubicada en la galería próxima a la entrada. Si la iglesia es preciosa los claustros son una maravilla. Fuimos dando un paseo por sus plantas y las habitaciones anexas: el antiguo comedor, sala del capítulo y confesionarios. Dentro de una de las salas del piso superior había una exposición que aunaba 3 líneas temporales con la Historia mundial, la de Portugal y la de Lisboa. Nos resultó muy interesante y pasamos allí un buen rato.

Con los pastelitos en los pies nos metimos en un telepizza a comer. Justo al lado está el Museo Nacional dos Coches, que en la guía tenía muy buenas críticas y además nos salió bien de precio. Los carruajes expuestos eran una pasada, algunos eran un total exceso de lujo y extravagancia. Recorrimos sus dos plantas bastante rápido, y como no teníamos nada más planeado, decidimos hacer una excursión hasta el Cristo Rei, al otro lado del Tajo.

En la guía del País Aguilar que llevábamos con nosotros, había una página que explicaba a la perfección cómo llegar hasta allí. Nos fue de gran utilidad. Volvimos en el tranvía 15 hasta Cais do Sodré y desde allí nos dirijimos a la terminal de transbordadores. Compramos un billete de ida y vuelta hasta Cacilhas y el hombre de la taquilla, muy amablemente, nos facilitó una hoja con horarios de los transbordadores de vuelta. El viaje hasta la oriila dura algo menos de 10 minutos y los aprovechamos para hacer fotos y vídeos de la travesía.

Una vez en el muelle, nos volvimos un poco locos buscando la dársena 20 para coger el autobús 101. Preguntando lo encontramos y tuvimos suerte de que justo salía uno, así no tuvimos que esperar 20 minutos al siguiente.

El autobús nos fue subiendo a traves de Almada hasta el santuario. Desde la parada de bus se ve la enorme estatua. La figura es exacta al Cristo Redentor del Corcovado, en Rio de Janeiro, sólo que 2 metros más pequeña. Nos hicimos unas fotos desde la base, con unas vistas maravillosas del puente del 25 de abril y de Lisboa. Pagamos la entrada completa (allí no había donde rascar) y un ascensor nos subió hasta el mirador. Hicimos mil y una fotos hasta aburrirnos. Bajamos y en la explanada aprovechamos para hacer más fotos y comprar unos botellines de agua.

Cogimos el bus de vuelta y dimos un paseo por el casco antiguo. Estaba muy animado y decorado, como si hubiese un festival. Empezaba a anochecer, así que cogimos el ferry de vuelta a Lisboa. Fue una excursión de unas tres horas que no entraba en nuestros planes pero que nos encantó. Se la recomendamos a la gente que le sobre una tarde en su viaje.

Volvimos al hotel molidos, cenamos algo por la zona y nos fuimos a dormir. El día nos había cundido bastante.

Gastos del día:

-Desayuno: 7.60€
-Torre de Belém: 4€
-Bebida: 1.5€
-Padrão dos Descobrimentos: 4€
-Pasteles: 4.35€
-Starbucks: 4€
-Monasterio: 5.60€
-Mapa: 1€
-Comida: 21€
-Museo Nacional dos Coches: 4€
-Ferry i/v: 10.20€
-Bus i/v: 3.80€
-Cristo Rei: 10€
-Agua: 2.20€
-Helados: 1.90€
-Cena: 24.90€
-Chocolatinas: 4€

Total: 114.05€

 

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