La gran (pequeña) estafa

Timos y Primadas

 

De todos es sabido que el turista o viajero es uno de los objetivos favoritos de todos los pequeños timadores. Si bien cuando ya tienes experiencias en viajar estás siempre más avispado, en nuestros primeros viajes no lo fuimos tanto.

Por ello hoy os vamos a contar algunas de las cosas que nos han pasado.

-Allá por 2008, cuando apenas acababamos de entrar en la veintena, caminando por las fascinantes calles de NYC, un par de raperos nos dieron unos CDs cual repartidores de publicidad. Quien ha estado en NYC sabe que en cada rincón de Times Square hay gente repartiendo panfletos de propaganda, pero… ¿Quién reparte CDs gratis? Pobres ilusos de nosotros, pues cuando al cogerlos intentamos seguir caminando, los raperos nos empezaron a reclamar el dinero. Nosotros lógicamente no queríamos esos CDs para nada, pero no paraban de intentar vendernoslos como si fueran a ser los próximos Eminem y 50 Cent. Al final conseguimos los 2 CDs por 10$, lo cual fue el precio a pagar por ser un par de ingenuos idiotas 😂😂😂.

-Leyendo la anterior “primada” podéis pensar que aprendimos la lección, pero no fue así. Año 2010, Roma, concretamente piazza España, se nos acerca un amable ¿Pakistaní? Ofreciendole unas rosas a Juneau, por supuesto las rechazamos pero el “amable” señor insistía en que eran un regalo. De nuevo por quitarnoslo de encima accedimos a coger las rosas pensando que así se marcharía, pero de nuevo el “amable” señor no nos estaba regalando nada. Acto seguido se las quisimos devolver, pero el insistía en que prefería que las pagasemos. Y no esta vez no pagamos, algo habíamos aprendido y le acabé amenazando con tirarlas al suelo para que las cogiese de nuevo y por fin se marchase.

-Año 2011, Campos de Marte, Paris. En Paris es muy típico que se te acerquen y te intenten poner una pulserita en la muñeca que, una vez puesta, no te podrás quitar. Está vez ya lo teníamos más que aprendido así que en cuanto por sorpresa se nos abalanzó un “amigo” a ponernosla en la muñeca, rápidamente se la retiré y esta vez no hubo oportunidad para él de ganar dinero, eso sí, casi nos cuesta una bronca. Lamentablemente para él, Owen era grande y no se amedrentó y además andaban por allí los gendarmes.

Pero no todo iban a ser cosas feas, algunas las recordamos y nos reimos.

-Año 2012, pueblo de Cálico, California. Si bien ya teníamos unos cuantos viajes a las espaldas y ya no confiábamos en los extraños, esta vez tocaba que lo que nos “estafase” fuese un pueblo entero. Y es que Cálico es una pequeña recreación de lo que fue antaño un pequeño pueblo minero de la época de la fiebre del oro. Se vende como si fuera un pueblo animado y muy bien ambientado, pero la verdad es que es bastante triste, por llamarlo de alguna manera. A la entrada pagamos alrededor de 8$ cada uno, pero no contentos con esa entrada dentro tienen “atracciones” de pago. Una de ellas es la conocida por nosotros como “Trenestafa”. Si, pagamos 2$ por montar en un trenecito que supuestamente nos iba a llevar a ver las entradas de las antiguas minas y los restos del pueblo, pero lo único que vimos fue desierto en un trenecito que tardó alrededor de 2 minutos en dar una mini vuelta. Al bajar las risas fueron increibles y a día de hoy nos seguimos riendo con aquel “gran acierto”.

-Nos vamos a remontar de nuevo al año 2008, NYC. Llevabamos 2 días en la gran manzana, cuando en mitad de Times Square nos cayó una tormenta. Cómo no, a rio revuelto ganancia de pescadores, o como dirían ellos: “Tormenta en mitad de Times Square, umbrellas a 5$”. Si, paraguas a 5$ en cada esquina, cada vendedor ambulante, teniendo en cuenta que teníamos unos 15 minutos hasta el hotel y que eran alrededor de las 23:00, creímos que era buena idea comprar uno para evitar llegar calados. Y sí, esta vez no nos salió tan mal, pagamos 5$ por un paraguas que llevaríamos con nosotros el resto de los días sin que llegase a llover ninguno. Lo mejor fue, que el sexto día, visitando un museo, se me ocurrió hacer el “gamba” con el paraguas y dada la calidad de este, acabó roto. “¡Qué más dará, si no llueve!” pensé, pero nada más salir del museo se puso a caer otra tormenta. Esta vez encontramos paraguas por 3$, pero nos negamos a comprar uno de nuevo.

 

 

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